#122 Give a Little Bit

Qué recuerdos me trae este concierto y lo que yo mismo llamé como “La importancia de llamarse Roger week”. Y es que en aquella semana de marzo de 2011 pude disfrutar con apenas dos días de diferencia de las canciones de Pink Floyd y de Supertramp de la voz de dos de sus componentes. Roger Waters y Roger Hodgson pasaban por Barcelona, y si bien para el primero me hice de las entradas en cuanto salieron a la venta, para el ex-Supertramp la cosa se demoró bastante más en el tiempo. wp-1648726674709Apenas un par de días antes de la fecha del concierto una conocida web de descuentos daba la posibilidad de conseguir entradas más baratas, y aunque la ubicación de las mismas distaba muy lejos de ser excelente, fue la excusa perfecta para comprar un par y recordar las canciones de Supertramp. Además siendo el concierto en el Palau de la Música nos asegurabamos que el sonido del concierto sería excelente desde cualquier sitio. Suerte de eso, porque estábamos en la parte de atrás de la segunda galería, y solo veíamos el escenario haciendo malabares dignas del Cirque Du Soleil. Aun así, pudimos ver bastante bien el concierto.

Por lo que supe más tarde, la fecha de Barcelona estaba en medio de la nada, es decir, Hodgson vino desde su casa para dar el concierto y volverse a California (creo que es allí donde vivía). Quizás por eso el formato escogido para el concierto fue algo más íntimo y sin banda. Hodgson tuvo sobre el escenario la única compañía de Aaron McDonald, multiinstrumentista y fiel escudero que le aportó multitud de matices a las desnudadas canciones de la gran banda madre. Hodgson alteró la guitarra de doce cuerdas con el teclado según el tema y desde el principio del concierto el público estuvo entregado a la voz de Supertramp. wp-1648726674670Por lo que comentó un grupo que teníamos detrás, el músico había pedido que los fans le pidieran canciones a través de su página de Facebook, y cumplió con su palabra regalando las joyas que el público había pedido. A día de hoy no sabría decir cuantas ni cuales fueron, de hecho casi tampoco podría distinguir las canciones en solitario de las menos conocidas de la banda. Por suerte para mi aquella noche cayeron todas las canciones de Supertramp que conocía y que disfruté mostradas en aquella especie de unplugged que estaba siendo. La brillante voz de Hodgson desgranó de manera impecable todos esos grandes éxitos que Supertramp crearon. No faltaron a la cita “School”, “Breakfast in America”, “The Logical Song” (con la que terminó la primera parte del concierto antes de darse un descanso), “Dreamer”, “Fool’s Overture” o el gran final con unos bises conformados por “Two Of Us” y las imprescindibles “Give a Little Bit” y “It’s Raining Again” con las que los cimientos del Palau corrieron grave riesgo de ceder ante el entusiasmo del público. 

Una oportunidad única de la que me siento muy contento de no haberla dejado pasar y que no me importaría repetir en algún otro momento aunque espero tener mejor visibilidad, pero eso… ya formará parte de otra entrada.

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#141 The Aristocrats

Aún recuerdo la época en que mirabas los nombres del Festival de Guitarra de Barcelona y podías entender el porqué de su denominación, no como ahora que para encontrar una relación pura con el instrumento de cuerda hay que suponer que es porque hay alguien en la banda que toca la guitarra y ya está. Pero hubo un tiempo en que casi todos los nombres le daban el sentido necesario al festival. Nombres como Satriani o Vai pasaron por él, pero poco a poco la oferta fue haciéndose más heterogénea y diluyendo el concepto de base. Por suerte, en aquel 2012 una banda de reciente formación se lanzaba a la carretera para ofrecer todo su virtuosismo y tendría una parada en Barcelona, en la sala Bikini. wp-1647616322063The Aristocrats podría considerarse tanto una de esas superbandas en las que se junta lo mejor de cada casa, como la de un grupo de amigos con ganas de llevar su música a otro nivel gracias a la retroalimentación entre ellos. Al bajo tenemos a Bryan Beller, al que había tenido el placer de ver junto a Steve Vai, en la batería Marco Minneman, uno de los candidatos del Got Talent que montaron Dream Theater para sustituir a Mike Portnoy, y en la guitarra Guthrie Govan, al cual no conocía de nada en aquella época, pero que poco a poco se ha convertido en uno de los guitarristas imprescindibles en mi discoteca. La propuesta que los tres músicos defendían estaba a medio camino entre el jazz y el progresivo y lo dejaban plasmado en su primer disco que venían a presentar. Durante casi dos horas ofrecieron todo su repertorio técnico en un concierto puramente instrumental en el que desgranaron íntegro su disco de debut además de ofrecernos un tema de cada una de las carreras individuales del trío. Y allí estábamos los otros tres Aristocrats, Raúl, David y servidor.

Sobre el discreto escenario de la Sala Bikini, una composición clásica para un trío, con la batería en el centro y bajo y guitarra a sus costados. Como curiosidad, la marca Marshall de los amplis de Govan estaban tapados con cinta americana negra, imagino que por tema de patrocinio por que aquel no era su cabezal. “Bad Asteroid” y “Sweaty Knockers” abrieron el concierto. Ambos temas podrían entrar dentro de lo que es las típicas canciones instrumentales con un puntito, no comercial pero si fáciles de asimilar, sin embargo “Boing! I’m in the back” formaría parte de esas canciones con un punto marciano con reminiscencias a Zappa o al primer Steve Vai,wp-1647616322048 aunque con ese inicio country a uno se le hizo raro llegar a esas complejas melodías de después hasta terminar casi con un estilo punk-beach rock. Cuando te enfrentas a un concierto meramente instrumental tienes que tirar de ingenio para que público y banda interactúen. Un ejemplo fue el inicio de “Furtive Jack” para el que pusieron a prueba las capacidades rítmicas de los presentes pidiendo que acompañáramos con palmas un patrón que Minneman nos marcó al inicio del tema. Con un resultado bastante más satisfactorio del que pensaba, durante el primer minuto palmas y batería sirvieron de base para que Govan y Bryan fueran jugando con sus instrumentos. Otra de las maneras es la de hacer algún solo que sea llamativo y no una de esas pajas musicales para mostrar que puedes golpear mucho y rápido. Por suerte Minneman tiene un sentido musical que va más allá de esas ganas de exhibirse porque sí, y durante “Blues Fuckers”, un divertido tema en el que según Marco surgió de experimentar con los patrones básicos de blues y modificarlos, dejo la muestra de su calidad en un imaginativo solo de batería, lleno de detalles que no hacían sino que prestaras atención. Hizo malabares con las baquetas, tocó “La Cucaracha”… y todo ello sin perder la sonrisa hasta que pidió a sus dos compañeros que volvieran a escena.

Lo cierto es que los tres se mostraron muy comunicativos y cada uno de ellos presentó su tema individual con el que completaron el repertorio. Bryan Beller fue el encargado de presentar “Greasy Wheel”, Marco de hacer lo propio con “Mr. Kempinski” y Govan el que cerraría el concierto con su “Erotic Cakes” tras cerca de dos horas de virtuosismo que no se hizo para nada aburrido, en parte gracias a las continuas interacciones entre los tres músicos, tanto entre ellos como con el público como por ejemplo en este último tema que tocaron, en el que montaron un divertido número con sus teléfonos móviles en mitad de la canción. Por ese motivo, y porque siempre es un lujo para los sentidos ver tanta calidad sobre el escenario, años más tarde volví a verlos sobre un escenario… pero eso forma parte de otra entrada.

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#60 Por un ratito en tus oidos

Durante aquellos años, 2005 y 2006 concretamente, si había cualquier oportunidad interesante de dejarse caer en un pequeño recinto y disfrutar de la proximidad de un artista allí estaba yo. En esta ocasión le tocó el turno a Pedro Javier Hermosilla en la sala Zacarías, que recuperaba el nombre que tenía antes de los años de la mítica sala Boite, dentro de la programación del festival Barnasants. Por las entradas de este blog debe estar el concierto en la sala Teatreneu, y como en aquella ocasión estuve acompañado de Rubén. Una de mis costumbres cuando me siento a escribir una de las entrada es la de acompañar los minutos al teclado con los discos del protagonista de la misma y esta vez no ha sido una excepción, y lo primero que se me ha venido a la mente es que PJH podría ser el resultado de lo que habría pasado si John Mayer hubiera nacido en Cádiz, por poner una ciudad andaluza. Esas síncopas mezcladas con el pop y el puntito de rumba y flamenco me llevan a pensar en ese curioso híbrido musical. 

Con dos excelentes discos bajo el brazo, PJH se presentó en el acogedor escenario de Zacarias armado solo de dos guitarras, una acústica y otra española que iba intercambiando según el color que tuviera la canción que tocaba. Dieciséis años hacen mucho en la memoria y se me hace muy difícil recordar ya los detalles de este concierto, salvo que repasó casi al completo sus dos discos y que únicamente la canción de apertura “¿Quien nos va contando lo que pasa?” resultó un tema que diría que hasta la fecha ha quedado inédito. No faltó en el repertorio temas como “Esperando-T”, “Me he perdido”, “Por un ratito en tus oídos”, “Una alegría física” o “Embusteria”, pero para finalizar el concierto se guardó “Camino de Madrid / Flores en el cielo” y “Quédate”. Hasta ese momento el concierto lo llevó PJH en solitario, acompañando la cercanía que el escenario de Zac tiene con sus comentarios llenando la sala de un clima íntimo y acogedor, pero para los bises se dejó acompañar por tres músicos más para rematar el concierto con un poco más de ambiente festivo. Esta fue la última vez que pude ver al músico catalán en directo a pesar de que siguió su viaje durante muchos años, pero no se ha vuelto a dar la posibilidad de disfrutar de sus canciones en vivo. Espero que eso pueda cambiar en algún momento y poder dedicarle en el futuro una nueva entrada.

#206 Ghostlights

Corría el año 1993, con dieciséis años y las hormonas poniendo trabas al correcto crecimiento neuronal que supone la adolescencia, yo ya tenía mis preferencias musicales bastante bien definidas. Mis escasas estanterías se llenaban de cintas grabadas de Springsteen, Sabina o Metallica, y la radio y los programas musicales del Canal+ y Tv3/33 se encargaban de completar y de mostrarme cada día alguna cosa nueva que añadir a mis gustos personales. Así que es fácil intuir lo que un videoclip como el de “I’d Do Anything For Love (And That’s The Truth)” pudo suponer para mi. Toda aquella epicidad, acompañada de poderosas guitarras, dos voces increíbles,  y ese puntito ligeramente hortera y excesivo acompañado de un clip dirigido por Michael Bay que tenía más contenido que alguna película de hora y media. Durante años esperé poder disfrutar de las canciones de Meat Loaf en directo en algún momento, que nunca llegaba y que por desgracia se quedó como una de esas espinitas clavadas. wp-1647183089919Así que cuando en el Sonisphere de 2013, el cierre de la larga jornada de conciertos correspondía al ambicioso proyecto musical dirigido por Tobbias Sammet, que traía Avantasia por todo lo alto, con casi todos los colaboradores que estaban allí para salir en un par de temas. Doce horas de espera para un rato y hasta el próximo concierto. La logística de la vuelta a casa y el cansancio acumulado hizo que sólo disfrutaramos de algo más de una hora del concierto, pero fue suficiente para ver allí reminiscencias de Meat Loaf, lo que hizo que rápidamente me pusiera a investigar aquellos discos de power metal épico que el germano era capaz de publicar con una larga lista de cantantes en ella. Por suerte para Inés y para mí, el lanzamiento de “Ghostlights” trajo consigo su correspondiente gira de presentación con una parada en la sala Razzmatazz de Barcelona. Una cita que se convirtió en ineludible y de la que nos hicimos con sendas entradas de un concierto que colgó el cartel de “sold out” (diría que igual hasta un poco más).

Con el disco bien empapado y algunos de los temas antiguos repasados, nos fuimos a Razzmatazz pronto para poder encontrar un buen sitio y disfrutar del show que Tobias parecía prometer. Al llegar allí la larga cola iba creciendo y nuestra posición nos dejaba ver que aquella noche sería de las de saber lo que siente una sardina en la lata de conservas. Por suerte, el mes anterior había ido a ver un concierto de Los Burros allí y recordé que probablemente el piso superior estaría abierto, así que pillamos escaleras arriba y allí estaba nuestro hueco para poder ver el show sentados con las piernas colgando. wp-1647182289492Desde allí podiamos ver todo el espectacular montaje que traía Avantasia en el que simulaba un antiguo castillo en ruinas en dos niveles sobre los que se podía intuir cómo estaría colocada la banda. “Also Sprach Zarathustra” fue la escogida para avisar de que el viaje a través de “Ghostlights” estaba a punto de comenzar. La carta de presentación vino de mano de “Mystery of a Blood Red Rose” con todos los músicos sobre el escenario pero solo Tobias Sammet defendiendo las voces. Aquello sonaba espectacular ya desde el primer acorde, y para cuando el primer tema terminó se veía claro que aquel iba a ser uno de esos conciertos inolvidables. Solo “Invoke the Machines” de su anterior “The Mystery Of Time”, en la que Ronnie Atkins de The Pretty Maids acompañó en las voces, se coló entre los cuatro temas de “Ghostlights” que nos dieron la bienvenida. El tema que daba nombre al disco contó con Michael Kiske sobre las tablas y para “Unchain the Lights” los tres cantantes fueron alternando sus interpretaciones. El concepto del concierto seguiría un patrón parecido, con invitados entrando y saliendo al escenario intercambiando parejas de baile. Bob Catley, cantante de Magnum, hizo aparición para “A Restless Heart and Obsidian Skies” y “The Great Mystery”. Aunque en teoría el ritmo de una producción así pudiera resultar algo tedioso con tanta entrada y salida, lo cierto es que hacía del concierto algo dinámico esperando cuál sería el siguiente que aparecería sobre el escenario, o quienes compartirán voces. El siguiente invitado fue uno de los que más pude disfrutar. Era la primera vez que escuchaba a Jorn Lande en vivo, y no pudo ser más gratificante. No era solo la voz, sino la actitud sobre las tablas con las que defendió unas espectaculares “The Scarecrow” y “Lucifer”. wp-1647182289496Pero es que en esta banda no había nadie que no tuviera su momento de protagonismo vocal, porque incluso el guitarrista principal Oliver Hartmann tuvo su momento durante “The Watchmakers Dream”. Pero si había alguno de los invitados que me apetecía disfrutar era Eric Martin, cantante de Mr.Big que acompañó a Sammet para “What ‘s Left Of Me” una de las baladas de “The Mystery Of Time”. Otra de las cosas que hacían del concierto algo ameno eran las presentaciones que Sammet hacía de cada uno de los colaboradores, explicando como o porque los escogió para cada canción o el momento en que nos hizo repetir a todo el público en alemán algo así como “después de esto nos vamos de putas” 

Lo bueno de tener a tanta voz importante cerca es que el líder de la banda se podía tomar algún que otro descanso bien colocado en el repertorio y delegar en el resto la defensa de canciones como “The Wicked Symphony”, “Stargazers” o “Twisted Mind”. Con todos los grandes nombres ya presentados hay que destacar también a los dos “coristas” que forman parte de Avantasia. Herbie Langhans defendió “Draconian Love” y Amanda Somerville junto con Kiske los que nos pusieron los pelos como escarpias con “Farewell”. Y así fueron cayendo temas uno tras otro, llenos de momentos épicos y espectacularidad sonora con músicos entrando y saliendo de escena. wp-1647182289547Uno de los momentos más divertidos del concierto ocurrió durante la presentación de “Reach Out For The Light”, en la que Tobias presentó a Kiske como el líder de otra banda alemana importante. Por aquel entonces creo recordar que aún no se había formalizado su retorno a Helloween, así que el público por un momento decidió que aquello era un momento para que Michael Kiske recordara uno de sus míticos temas con la banda. Los guitarristas de la banda empezaron “I Want Out” y aquello parecía que se hacía realidad, pero fue el propio Kiske el que lo cortó de raíz diciendo que aquel no era el sitio ni el lugar. Con “Dying For An Angel” y Eric Martin compartiendo micro el concierto dio por finalizada su parte principal y los músicos se retiraron a los camerinos. En ese momento llevábamos más de dos horas de concierto que habían pasado volando, quizás por que estabamos sentados y descansados, así que si se hubiera terminado alli ya me habría dado por satisfecho, pero aún quedaban un par de temas más en la recámara.wp-1647182289459“Lost In Space” sirvió de antesala para un “grand finale ” con todos los músicos participantes sobre el escenario para un espectacular medley de “Sign Of the Cross” y “The Seven Angels”. Ahora sí, el concierto llegaba a su fin, pero no las anécdotas. Resultó aquel, el primer concierto como fotógrafa oficial de Irene Serrano y cuando tenía que hacer la foto de grupo con el público de fondo, algo falló en sus cámaras por unos segundos, momento que por casualidad está inmortalizado en alguna de mis fotos. Con el tiempo ambos colaboramos en diversos artículos formando tándem de crónicas y coincidiendo en varios festivales, ella con sus espectaculares fotos y yo con mis textos. En serio, si tenéis oportunidad echadle un ojo a su trabajo. Felices y alucinando por lo que acababamos de ver, volvimos a casa con ganas de repetir en la siguiente gira como así fue… pero eso formará parte de otra entrada.

#120 Las Canciones Desnudas

Superados los problemas de salud y después de haber vuelto a los escenarios junto con su estimado Serrat y de haber sacado “Vinagre Y Rosas” con su correspondiente gira, Sabina se tomaba un descanso de los viajes y los hoteles antes de empezar la gira americana para presentar el disco. Pero los músicos son una especie diferente y en cuanto pasan unos dias sin el contacto de sus instrumentos “Se tocan encima”. Imagino que esto es lo que les pasaría por la cabeza a Pancho Varona y Antonio Garcia de Diego, los escuderos del flaco, para embarcarse en una gira conjunta por pequeños recintos en las que ofrecer unos conciertos con parte de storytelling, en los que ambos irían desnudando las canciones que durante años han ido componiendo junto a Sabina y ofrecernos algunas sorpresas y temas que también han escrito para otros artistas. Hacía años que Pancho Varona ya había empezado a hacer sus noches sabineras en las previas de los conciertos de su jefe, pero esta quizás era una de las primeras veces en las que los músicos se embarcaban en una gira como tal fuera de la supervisión de Sabina. La fortuna hizo que su paso por Hospitalet fuera en el Auditori Barradas, un lugar en el que he pasado muchas horas de mi vida tratando de estudiar en las épocas de exámenes, pero que esta vez nos acogía para algo mucho más ameno. Como buenos sabineros empedernidos, Inés y yo no nos quisimos perder el concierto, y la posibilidad de disfrutar de estos dos genios de la música española.
Bien situados y cerca del escenario en el que había dos sillas, un par de soportes de guitarra y un teclado esperaban a que aparecieran los dos grandes músicos. La ovación de recibimiento fue la primera de varias que se pudieron escuchar en el Barradas. Y aqui es donde uno echa de menos tener una memoria mas concreta y poder guardar cada uno de los detalles de aquella noche. Pancho Varona no se quitó la guitarra de encima y Garcia de Diego iba alternando guitarra y teclado para acompañar los temas que iban desnudando poco a poco, acompañado de historias de composicion, anecdotas y un buen rollo superlativo sobre el escenario. Si mi memoria no me traiciona aquella noche sonaron temas como «Peces De Ciudad», «Contigo», «Sin Embargo», «A la Orilla de la Chimenea» (cantada a teclado y voz para poner los pelos como escarpias), incluso diria que «El Rockanroll De Los Idiotas»… pero creo que a estas alturas de partido solo los dos protagonistas de aquella noche podrian confirmar o rectificar los títulos. Lo que si recuerdo fue que en aquel escenario Dani Flaco fue invitado para cantar «Princesa» en los bises con ellos. La noche terminó como no podía ser de otra forma, con una sonrisa en la cara y unas copas en el Oncle Jack, y aunque en aquella ocasión ni Pancho ni Garcia de Diego nos acompañaron en los tragos, nosotros ya nos habíamos llevado su pequeña parte con nosotros. Hubieron mas conciertos de Pancho con un formato similar, pero ya en solitario… aunque esos ya los contare en otras entradas.

#139 A Dramatic Turn Of Events

En 2010 el carismático y multitasking batería de Dream Theater decidía abandonar la banda que había creado y con la que consiguió el status de uno de los mejores baterías del mundo por unas desavenencias que sólo ellos son capaces de entender. El casting para buscar alguien que se calzara sus botas dió pie a una especie de reality musical documentado en que la banda nos mostraba cada uno de los candidatos seleccionados. wp-1645706593347El vencedor de aquel Got Talent improvisado fue Mike Mangini y “A Dramatic Turn Of Events” el disco con el que Dream Theater se lamió las heridas y comenzó la nueva andadura con un nuevo motor marcando los complejos ritmos de la banda. La curiosidad por saber cómo encajaría Mangini en los largos directos fue solo un pequeño motivo más para ir hasta el Sant Jordi Club una fría noche de Febrero y comprobarlo. Hasta allí subimos los habituales del progresivo: Mis primos cubanos Oriol y Luis, Raul… y otros tantos miles. No se es que estaría pensando el promotor cuando pusieron el Sant Jordi como recinto, pero un mes antes tuvieron que cambiar al anexo de un tamaño algo más adecuado.

Los teloneros de aquella gira fueron Periphery, con los que no llegué a conectar en ningún momento en parte por culpa de ese muro de sonido que se iba haciendo bola y que no dejaba apreciar mucho los matices de las tres guitarras. Puedo decir que ha sido uno de los grupos que menos me ha dicho de cuantos he visto teloneando a grandes bandas. Su ruidosa propuesta me dejó tan indiferente que de haberlo sabido me habría quedado un rato más en el bar. Pero al menos sirvió para que fuéramos buscando nuestro sitio entre el público que poco a poco iba llenando la sala. Desde allí, nos dejamos llevar en cuanto las luces se apagaron y en los tres cubos que hacían las funciones de pantalla se iba proyectando un corto animado a modo de presentación de la banda, antes de que las guturales voces a través de un didgeridoo nos pusieron en aviso de que el primer tema de la noche iba a ser “Bridges In The Sky” de su reciente trabajo.wp-1645706657214 Y ya se pudo ver que el encaje de Mangini en la banda había sido completo y que el resto estaban en una forma extraordinaria. Solo quedaba saber si LaBrie estaría a la altura de sus compañeros, y es que el vocalista siempre anda en la cuerda floja como el personaje de la portada del disco. De momento en el primer tema la cosa fue bien, y lo cierto es que mantuvo un buen nivel vocal durante todo el concierto. Aunque con los temas más antiguos y exigentes se le vió sufrir ligeramente. Con “6:00” se llevaron la primera ovación de la noche por recuperar un tema de “Awake” y lo cierto es que fue el primero de los temas clásicos en los que pudimos ver a Mangini desenvolverse con la soltura propia de una batería de su nivel. Con “Build Me Up, Break Me Down” mostraron que pueden hacer temas accesibles pero a la par tan complejos, pero reconozco que su estribillo era uno de los más coreables de todo el disco pero sin perder esos rasgos clásicos de DT como los duelos guitarra/teclado y en la que echaron mano de voces pregrabadas para algunos fragmentos, algo que no suele ser muy habitual en ellos. Si a alguien no le pareció sorprendente la inclusión del tema de “Awake”, quizás sí lo fue que los dos únicos temas de “Images & Words” fueran los dos mas melodicos. “Surrounded” fue el primero en poner un poco de calma en el inicio y en el que se notó al pirata LaBrie mucho más forzado para llegar a los tonos finales de la canción, eso sí, la aparición del tema en el repertorio fue una grata sorpresa. 

Y como no dice el refrán… Tras la calma llegó la tormenta. Porque fue “The Dark Eternal Night” el tema que nos recordó que cuando quieren, a Dream Theater les sale el venazo heavy y sirvió a Jordan Rudess como excusa para salir de su posición para mostrar su teclado portátil y marcarse un solo final marca de la casa. Aunque el solo que estaba esperando todo el mundo era el de Mangini tras su impresionante kit de batería en el que no había milímetro sin algún elemento para golpear. A nivel técnico es brutal, pero es muy difícil igualar el carisma que Portnoy aportaba a los shows más allá del virtuosismo. Tras el solo otra de las sorpresas del repertorio, “A Fortune In Lies” de su disco debut, toda una prueba de fuego para la voz de LaBrie con la que pensamos que alguien del público acabaría golpeado por una de sus rotas cuerdas vocales. Pero no, aguantó bien el tema sin reventar.wp-1645706657240 “Outcry” supuso una vuelta al material que estaban presentando, con un riff marca de la casa en afinación grave, quizás esta fue una de las nuevas canciones que mejor acogida tuvo. Y sirvió para que  pudiéramos comprobar las diferentes vertientes de la banda con un contraste musical tan destacado como supone poner un tema tan pesado como este junto a una de las piezas más delicadas de la discografía de Dream Theater. Y es que “Wait For Sleep” es una gema escondida entre los temazos que hay en “Images & Words” y que con apenas tres minutos es capaz de transmitir mucho. Corto tiempo para que el resto de la banda se tomara un descanso y dejara a Jordan Rudess y a LaBrie defendiendo el tema. Con John Myung en el escenario continuaron con este pequeño set intimo desgranando “Far From Heaven”, el tema lento del último disco. A partir de aquí la banda volvió a subir el octanaje y los decibelios con “On The Backs Of Angels” para empalmar con dos temas del “Six Degrees Of Inner Turbulence” con los que volvieron a reconectar definitivamente con el público: “War Inside My Head” y “The Test That Stumped Them All”. 

Por el tiempo que llevaban sobre el escenario la cosa empezaba a pintar a que aquello estaba entrando en la recta final, algo que se puso de manifiesto cuando tras una inspirada intro de John Petrucci sonó una de las favoritas de la mayoría de los seguidores de la banda. “The Spirit Carries On” fue la única representante de esa obra maestra musical que es “Metropolis II: Scenes From A Memory”, y fue cantada por todos y cada uno de los presentes incluso hubo grupos de gente abrazada moviéndose al son de la canción… espera… que éramos nosotros. El punto final del concierto lo puso “Breaking All Illusions”, otro tema del nuevo disco, antes de que los muchachos se tomaran un descanso y volvieran para los bises. wp-1645706657204Lo cierto es que yo habría intercambiado estos dos últimos temas, dejando “The Spirit Carries On” como gran final del repertorio principal, pero como la banda no es mía, pues poco puedo decir al respecto. Ahora solo quedaba saber con que acabarían esta vez, y es que el número de temas que quedaban en el tintero y en las listas de favoritas de los que estábamos eran muchas: “A Change Of Seasons”, “Pull Me Under”, “Metropolis Pt1”... Pero no, en cuanto salió Myung marcando armónicos supimos enseguida que la afortunada que cerraría el concierto sería “As I Am”. Un final un tanto desangelado para lo que cada uno esperaba, pero potente en su forma con el que terminaba la prueba de fuego de la nueva formación. Técnicamente son infalibles y diría que casi insuperables, y con Mangini en la formación ese aspecto está perfectamente cubierto pero por otro lado se pierden los coros y el espectáculo que Portnoy era capaz de brindar. Visto lo visto y aunque mas de uno querriamos ver esa reconciliación, me da que la batería estara ocupada por el nuevo chico durante muchos años. Hay que decir que con las giras se ha ido soltando un poco, pero nadie le ha puesto un asesor de imagen para salir al escenario aún, pero esas cosas ya formaran parte de otra nueva entrada…

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#136 Curl Of The Burl

La banda americana fue uno de esos grupos a los que debería de haber prestado más atención en el Sonisphere de 2009, pero que por desgracia no fue hasta más tarde cuando profundicé un poco en su música. Sus discos “Leviathan” y “Crack The Sky” rozaban la perfección, eran verdaderas apisonadoras sonoras y tenían en su interior algunos temas que en un futuro no muy lejano acabarán siendo clásicos del metal. En este 2012 Mastodon traía bajo el brazo un nuevo disco, “The Hunter”, otra obra de orfebrería metálica que mezclaba stoner, prog y metal de manera sublime y que esta vez sí pude disfrutar en el momento, así como bucear en sus cuatro discos anteriores en profundidad.wp-1643055197353. Si bien es cierto que en aquel Sonisphere fueron muchos los factores para que la atención a la banda no fuera plena, dejaron cierto regusto de que un grupo así en sala más pequeña tenía que ser muy interesante. Así que la posibilidad de verlos en un recinto como Razzmatazz 2 resultaba muy atractiva. Además como teloneros tendríamos a una de las bandas que hacían mejor stoner en aquellos años (y que siguen en ello) como son Red Fang. Con semejante reclamo, Raúl, David, Jose y yo cumplimos con nuestra presencia, así como otros tantos más. Tantos que el concierto tuvieron que pasarlo a la sala grande de Razz, algo que decía mucho del impulso que la banda estaba empezando a tomar. Como hacía pocos días que tres de nosotros habíamos vuelto de París de ver a Chickenfoot, la tarde nos sirvió para poner la cabeza de David como un bombo con nuestra excursión musical reciente acompañado de unas buenas cervezas. 

Pero estaba claro que eso no iba a impedir que nos perdiéramos un minuto del doble cartel y es que el papel de teloneros que tenía Red Fang hacía que los pocos minutos de los que podían disponer serían de una elevada intensidad. Y no nos equivocamos ni un ápice. wp-1643055197302Vinieron con ganas de mostrar su nuevo material, el excelente “Murder The Mountains” y aprovecharon los escasos cuarenta minutos de los que dispusieron para lanzarnos a la lona con cinco de las canciones que forman parte del disco. Desde la inicial “Hank Is Dead” con la que dejaron claro que el virtuosismos en ellos deja paso a la brutalidad y el impacto, pasando por dos temas como “Wires” y “Into The Eyes”, con los que, a poca sangre que tengas por tu cuerpo, la cabeza se te iba con sus pesados riffs. Sin dejar respirar a la mas de media sala que ya llenaba Razzmatazz, Red Fang se despidió con dos temas de su primer disco que bien valen un concierto por si solos, “Sharks” y “Prehistoric Dog”. Habían dejado a todo el público revolucionado y con ganas de recibir la descarga sónica de Mastodon

Un gran telón con la portada de su último trabajo reinaba en el escenario, y los cuatro músicos salieron con pocas intenciones de hacer prisioneros aquella noche. La primera bofetada vino con “Dry Bone Valley” que fue acogida como si la gente no hubiera escuchado música en cien años. Pero es que el ritmo no aflojó en ningún momento, ni por parte de la banda ni mucho menos por la del público que se dejó la garganta en casi todos los temas. “Black Tongue” fue uno de esos en los que faltaba muy poco para que saltara la chispa del pogo en el momento menos esperado. wp-1643055197307Tal era su contundencia, que no fue hasta pasados unos cuantos temas que me di cuenta que si Brent Hinds no se movía mucho de su sitio era porque llevaba el pie con algún tipo de cédula ortopédica producto de una reciente lesión, pero que no le impedía vivir el concierto y hacer vibrar a los que llenábamos Razzmatazz aquella noche. “Black Crystal” fue la primera de las miradas al pasado que hizo la banda, pero se notaba que disfrutaban del presente por que tocaron casi en su totalidad las canciones de “The Hunter”. Eso sí, cuando temas como “I Am Ahab”, “Colony Of  Birchmen”, “Megalodon” o “Ghost Of Karelia” hicieron aparición, Razzmatazz parecía que se iba a venir abajo. Ya no solo por la intensidad con la que el público vivía las canciones, sino por el volumen tan brutal con el que la banda estaba actuando. Entre ellos y Red Fang podrían servir como reclamo para abrir una franquicia de GAES al salir del concierto. 

De las canciones más recientes con pinta de llegar para quedarse estaba “Curl Of The Burl”, tema que por lo menos a mí me enganchó desde el primer momento en que escuché el disco, y lo cierto es que en directo gana enteros. Y es que la base rítmica formada por Troy Sanders y Brann Dailor (Curioso detalle tener a Randy Rhoads en el parche frontal del bombo) son un máquina perfectamente engrasada, lastima que las voces quedaran un poco enterradas entre tanto decibelio. Uno tras otro iban cayendo los temas del repertorio, como “Crack The Skye”, en los que no dan tregua ni respiro al público. Y es que la actitud de la banda fue intachable, y si no con ver a Hinds tirándose por el suelo a pesar de tener la pierna perjudicada creo que ya uno se puede hacer una idea de que para ellos estar sobre el escenario implica el dar el 110% sean cuales sean las circunstancias. wp-1643055197284Con el apoteósico final encadenando “Iron Tusk”, “March Of The Fire Ants” y “Blood And Thunder” la banda se retiró a darse un merecido descanso tras dos horas sin parar ni un solo segundo. Para sorpresa de todos, no solo Mastodon apareció sobre el escenario, sino que también subieron los miembros de Red Fang para marcarse un fin de fiesta a la altura del concierto. Y es que entre todos remataron la faena para aportar sus voces en los coros de “Creature Lives”. Y este quizás fue el único pero que le puedo sacar al concierto, que aquellos cuatro minutos escasos de bises supieron a muy poco. Cuando terminó el tema todos esperábamos que hubiera más música, pero no… Se despidieron y volvieron al camerino dejándonos con ganas de más. Pero bueno todo sea eso lo malo a destacar de un concierto en el que todo salió a pedir de boca y del que años después puedo decir que tuvo menos repercusiones en nuestro sistema auditivo de lo que creímos justo al salir de Razzmatazz. En definitiva, un señor concierto el que vimos aquella noche y dos bandas mas que recomendables  a las que seguir y ver en concierto… pero eso formará parte de otra entrada.

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#184 Las Calles Están Ardiendo

Veinte años en la carretera. Esa era la excusa que los murcianos M-Clan para grabar un disco en directo lleno de colaboraciones en el que repasaron su discografía en la Sala Price de Madrid. Así que la rumorología dio pie a que siendo Barcelona otro punto importante de la escena musical española, se podría repetir el mismo formato con otros colaboradores. La idea resultaba tentadora, ideal para dejarse guiar y ver el concierto, pero un par de años atrás ya había podido comprobar la intensidad y la fuerza de sus directos durante la gira de presentación de “Para No ver El Final”, uno de los mejores discos nacionales de la década, así que lo único que realmente necesitaba era tener el día de fiesta. Una vez conseguido, los siguientes pasos eran los habituales: conseguir las entradas, dar con buena compañía y disfrutar del concierto. Y así es como se formó la tormenta perfecta para celebrar como se merecen esos veinte años en los escenarios. Equipo de lujo con Rubén, mi primo Luis con Mireia y el refuerzo de Juantón. 

Con nuestras mejores galas nos presentamos en el Pepe’s, junto a la sala para hacer la previa, que se alargó lo suficiente como para llegar a la sala cuando Guasones estaban terminando su actuación. Razzmatazz presentaba un aspecto formidable y si aquel día no se vendió todo el papel, estoy seguro que se quedaron bastante cerca. De hecho casi tuvimos que ponernos en los escalones del final de la sala. El fondo del escenario anunciaba sin dar a equívocos lo que celebrábamos aquella noche. Los veinte años de rock, soul y blues bajo el prisma de Tarque y Ricardo Ruiperez. Y cuando la banda salió a llenar aquel escenario, el público de Barcelona le dió la calurosa bienvenida que merecen. wp-1639427226728Para esta gira la formación básica se hizo acompañar de un trío de vientos y metales que le daban más color a los temas, como en “Calle Sin Luz” que abrió la noche o en los siguientes “Para No Ver El Final” y “Basta De Blues”. Vestidos siguiendo la estética que quedó plasmada en el directo editado, en el que predominaban el rojo y el negro, salieron para no hacer prisioneros y con poca intención de bajar el acelerador. Dejaron claro que la voz de Tarque estaba en perfectas condiciones y que es una bestia del escenario. Creo que no he visto a mucha gente maltratar así los pies de micro y las panderetas durante los directos. No perdió oportunidad de interactuar con las primeras filas en todo momento y se les vio casi tan felices y entregados como su público (que lo es y mucho). Con su versión del “Serenade” de la Steve Miller Band bajo el título de “Llamando a la Tierra” ya pudimos empezar a intuir que el repertorio se iba a salir muy poco de lo que “Dos Noches En El Price” nos mostró, eso sí, sin invitados en los temas. Habría sido interesante que hubieran subido al escenario algunos cantantes locales para acompañarlos por ejemplo, pero parece que ese lujo solo lo pudieron disfrutar de nuevo en tierras madrileñas días después. 

Habría sido todo un detalle, pero una vez metido en brega, lo cierto es que pasó a ser lo de menos, sus canciones se mantienen por sí mismas sin necesidades de extras y la banda lo da todo sobre el escenario, así que no dan pie a quejas. wp-1639427226709Solo se quedó por debajo “Las Calles Están Ardiendo”, pero por que la versión con El Drogas del directo es de otro planeta. Hubo tiempo tanto para recordar los primeros días como con “Perdido En La Ciudad”, “Maxi Ha Vuelto” o “¿Donde Está La Revolución?” como para dar pequeños pasos por toda la discografía y regalarnos algunas versiones como “Me Estas Atrapando Otra Vez”, la mencionada “Llamando A La Tierra”, la versión de su primo escocés Rod Stewart “Maggie Despierta” y un “Like A Rolling Stone” en la que Guasones si que formaron parte del tema. Tampoco faltó el guiño a los The Who que se marcan cada vez que tocan “Pasos De Equilibrista”. Y entre micrófonos maltratados, panderetas lanzadas y mucho rock, nos plantamos casi en el final del concierto para el que se reservaron “Miedo”, para mi una de sus mejores canciones, y un “Quédate A Dormir” que exprimió las fuerzas que iban quedando en los cuerpos y gargantas de los que allí estábamos.

Al salir creo que la gran mayoría consideró aquel concierto un regalo anticipado de Navidades, y lo cierto es que sería de aquellos con los que sabes que no vas a fallar. Como curiosidad, quién me iba a decir que la siguiente vez que los vería iba a ser parte de la organización del mismo concierto gracias a Rubén… pero esa historia ya formará parte de otra entrada… 

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#292 Dance Macabre

Pocas bandas nuevas han conseguido en los últimos años generar una necesidad incontrolable por verlas en directo. Haciendo un repaso rápido solo The Darkness y Airbourne forjaron esas ganas desde el cero absoluto, porque el caso de The Answer fue más un flechazo tras su primer concierto. La otra banda es la que hoy visita este repaso a los conciertos de mi vida. wp-1638982545305Y no es porque no los hubiera visto ya antes en vivo, pero si es cierto que las veces que había asistido a algún concierto suyo me dejaban con ganas de mucho más. Sus dos conciertos anteriores habían sido dentro de un festival y como teloneros de Metallica y siempre a la luz del día, algo que estaba convencido que suponía una pérdida en la experiencia que podía llegar a ser un concierto de Ghost. Porque musicalmente se enganchan más que un bote de SuperGlue, y toda esa liturgia que les rodea con sus grandes montajes escénicos necesitan de la oscuridad de la noche y de un recinto cerrado en el que oficiar sus servicios. Así que cuando por fin anunciaron su propia gira para presentar el excelente “Meliora” no hubo momento para la duda, a esa misa había que ir. 

Conseguí convencer con mis artes persuasivas a mi blood brother Albert de que la noche iba a valer la pena así que, tras coger fuerzas en un bar, subir con toda la calma (tanta que no vimos a ninguno de los dos teloneros) y comprobar el tirón que Rosalia tenía llenando el Palau Sant Jordi por segunda noche consecutiva, nos fuimos a recoger las entradas a las taquillas del Sant Jordi Club. A esas alturas de la noche ya casi todo el mundo estaba dentro, pero tras localizar a Rafa entre la multitud, nos fuimos haciendo un hueco hasta llegar bastante cerca del escenario. wp-1638982545349El misterio rodeaba el montaje como el gigantesco telón hacía lo propio con las tablas. Tras unos minutos musicales en los que solo faltaba el incensario repartiendo aromas por la sala, un cántico infantil y el apagón de luces hizo intuir que la “misa” estaba a punto de empezar. ¡Que me gusta a mi un telón caer al inicio de un concierto! Esa sensación de descubrir lo que hay detrás es como la de abrir un regalo cuando eres niño. Y allí estaba frente a nosotros, la recreación de un gran templo con unas enormes vidrieras ante las que se mostraba un majestuoso escenario a tres niveles. En el intermedio una batería, dos teclados y un guitarrista, en el inferior tres pasarelas que acercaban a los músicos al público y un par de zonas elevadas en las que los guitarristas principales intercambiaban sin parar sus posiciones. wp-1638982545343Y dirigiendo todo el cotarro, el Cardenal Copia, la enésima representación de Tobias Forge, que hizo su aparición en cuanto “Ashes” empalmó con “Rats”, que puso a saltar a todo el pabellón y auguraba que aquello iba a ser una gran noche en la que no falló nada. Un sonido perfecto, unos juegos de luces perfectamente estudiados y toda la performance que la banda sueca lleva a sus espaldas, deudora de Alice Cooper y Kiss en el que no faltó la pirotécnia. “Absolution” y “Faith” dejaron claro que la banda ha sido capaz de componer en un breve espacio de tiempo un repertorio sólido y sin casi fisuras. No fue hasta “Mary On The Cross” que el Cardenal Copia no se dirigió al público haciendo gala de su humor. La banda perfectamente vestida de negro y con mascaras plateadas ofreció la primera tregua al cardenal con una breve “Devil Church” en la que los dos ghouls que llevaban las guitarras principales se enfrascaron en un divertido duelo de guitarras antes de que “Cirice” nos hiciera agitar las cabezas y cantar como una sola voz. Uno de los grandes momentos de la noche que precedió a otra de las sorpresas que los suecos nos tenían reservadas. La aparición del anciano Papa Zero con su solo de saxo durante la instrumental “Miasma” fue otro de esos impactos visuales que se recuerdan al final del concierto. 

Ese descansito le sirvió al Cardenal Copia para cambiarse su traje morado, por otro blanco mientras pedaleaba sobre un triciclo infantil. Una imagen que mezclaba al titere de Saw con un mafioso de los años 20 para juntar su lado más crooner con esa pieza casi de surf rock que es “Ghuleh/Zombie Queen”. La terna “Spirit”, “From The Pinnacle To The Pit” y “Ritual” fue otro de los momentos intensos del concierto, y sirvió para que el Cardenal Copia volviera al escenario vistiendo una adornada sotana en riguroso negro. Poco a poco la ceremonia iba llegando a su fin, y con la potente “Year Zero” la banda nos dejó con ese milimetrado ay con el que sabes que el concierto aún no ha acabado y que todavía queda tiempo para unos temas extras. wp-1638982545288Los bises trajeron de vuelta a todos los ghouls en sus puestos y al Cardinal Copia cantando desde el nivel superior lo más cercano a una balada como tal que tienen los suecos en el repertorio como es “He Is” para descargar acto seguido “Mummy Dust”, con la que el cantante buscó que sintamos cierto cosquilleo perineal al escucharla de lo heavy que es. Lo cierto es que la banda es excitante en sí, pero si hay que ponerle un pero al concierto es que Tobias Forge se mete en algunos monólogos que rompen un poco el ritmo del show. Eso sí, en cuanto las guitarras rugen se recupera rápido y mas cuando haces de un concierto una fiesta con una tremenda lluvia de confeti dorado incluida que lo cubrió todo y lo más importante, un grand finale definitivo e impecable con “Kiss The Go Goat” y con dos de las canciones más redondas de los últimos años: “Dance Macabre”, en la que volvimos a tener mas confeti y pirotecnia, y “Square Hammer” con la que todo el Sant Jordi Club terminó de vibrar en un grandísimo concierto. Con las luces encendidas ya, y la banda despidiéndose mientras sonaba de fondo Emmylou Harris, las caras de satisfacción eran del todo evidentes. Hubo lanzamiento de púas, reparto de billetes acuñados con la efigie del Papa Zero y la sensación de que esta banda aún no ha tocado techo y que puede llegar a mucho más si sigue en la misma línea. De momento su próximo concierto ya será en un pabellón más grande y no descarto que en algún momento sea carne de grandes arenas. Y yo espero poder verlo, disfrutarlo y bailarlo… pero eso formará parte de otra entrada.

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#223 In The Court Of The Crimson King

Si bien es cierto que mi acercamiento al progresivo era bastante reciente (de alguna manera hasta que no llegó Dream Theater a mis estanterías no conocía gran cosa de este estilo) en 2004 ya había tenido la posibilidad de ver a uno de los miembros de la banda de hoy. En aquel G3, Robert Fripp era el tercero del trío de guitarristas, pero aquella extraña actuación lo cierto es que dejó poca mella en mi. Aquella mezcla de música ambiental y que el guitarrista apenas apareciera en el escenario no ayudó para nada. wp-1637755875037Por suerte en 2011 y con los oídos ligeramente mas entrenados a toda esa amalgama de notas, disonancias, ambientes y largas progresiones tuve la posibilidad de ver al gran Tony Levin en su salsa progresiva dentro de su proyecto en solitario (en 2003 lo disfrute junto a Peter Gabriel), y lo hice pensando en que difícilmente podría ver a la banda en la que ambos músicos habían estado durante años: King Crimson. Pero sin esperarlo la madre de todas las bandas progresivas en activo tuvieron a bien de visitar estas tierras, y lo hacían con una impresionante formación que incluía tres baterias (Jeremy Stacey, Pat Mastelotto y Gavin Harrison), al gran Mel Collins que se encargaba de cualquier viento, el cantante y guitarrista Jacko Jakszyk y mis dos viejos conocidos Tony Levin y Robert Fripp. Como no podía ser de otra manera, organizamos la excursión progresiva para asegurarnos plaza en semejante espectáculo. Los Castillo Bros, Oriol y un servidor nos hicimos con nuestras entradas para la primera de las dos fechas que la banda iba a tener en el Auditori del Fórum, un escenario ideal para la propuesta del combo. 

Y el día del concierto llegó, y con él los rituales habituales: quedada previa para hacer una cervecita, parada en el puesto de merchandising y compra de golosinas varias, ubicar nuestros asientos y disfrutar del show. Las tres baterías colocadas al frente del escenario le daban una imagen espectacular, por detrás el resto de músicos se colocarían sobre unas tarimas, pero había otro detalle curioso a destacar. En cada lateral del escenario había dos grandes carteles invitándonos al público a no hacer ninguna foto o grabación durante el concierto bajo la posibilidad de ser expulsado del mismo. Mensaje que también fue repetido numerosas veces en un audio en varios idiomas y que, antes de comenzar el concierto, fue el mismo Robert Fripp el que se encargó de remarcar mientras hacía gala de su humor para explicar que el concierto consistiría en dos partes diferenciadas con un descanso en medio, así como que ellos mismos darían la señal de cuándo se podrían hacer esas fotos de recuerdo. wp-1637755875021Sin pantallas, en un entorno sobrio y elegante los músicos comenzaron a situarse en sus puestos y las primeras notas de “Larks Tongues In Aspic, Pt 1” abrieron unas bocas que no fueron capaces de cerrarse hasta el final del concierto. Ese podría ser un buen y rápido resumen del concierto, porque el nivel de perfección y de virtuosismo desplegado aquella noche es muy difícil de igualar. Incluso para un neófito de la banda como yo, que solo conocía unos pocos temas (y que tuve la suerte de escuchar) cada compás, cada tramo de canción era una pequeña obra de arte en la que difícilmente podías apartar la mirada de las cabriolas compartidas de los tres baterías perfectamente sincronizados mientras cada uno hacía algo diferente. En cada una de las dos partes del concierto (había que dejar veinte minutos entre una y otra para poder asimilar toda esa música) hicieron un amplio repaso a toda su carrera, y aunque hicieron especial hincapié en su más reciente trabajo “Radical Action To Unset The Hold Of Monkey Mind”, las grandes ovaciones se las llevaron los temas de sus dos álbumes más clásicos “Larks Tongues In Aspic” y “In The Court Of The Crimson King”. En la primera parte pudimos disfrutar de “Red” para la que el Auditorio se tiñó de rojo acompañando perfectamente esa sensación angustiante del tema, una espectacular dupla compuesta por “The Letters” y “Sailor’s Tale”, así como la imprescindible “The Court Of The Crimson King” y las dos partes de “Larks Tongues In Aspic”.

¿Sería la segunda parte capaz de igualar esta primera? Pues teniendo en cuenta el tramo final de la misma la cosa estuvo muy igualada, porque la banda terminó encadenando “Epitaph” (piel de gallina), “The ConstruKction Of Light”, “Easy Money”, “Indiscipline” (con un Tony Levin inmenso tocando el stick y los tres baterías improvisando fills en una especie de batalla de percusiones bajo la atenta mirada del resto de músicos) y la preciosa “Starless” (más piel de gallina). wp-1637755876668Lo dicho… vuelta a desencajar la mandíbula y eso que aún no habían ofrecido su clásico por definición, que se hizo esperar hasta los bises como fin de fiesta. Y es que tras un par de minutos de espera, los chicos de King Crimson volvieron a salir a escena para una última entrega de su reciente trabajo y para volarnos la cabeza a todos con una magna y suprema interpretación de “21st Century Schizoid Man” en la que Gavin Harrison se marcó un solo de batería de los que hacen historia. Incluso sirvió para que un espontáneo se pusiera a bailar por los pasillos al ritmo del tema. Casi tres horas después del inicio del viaje, las luces volvieron a encenderse y Robert Fripp dió su permiso para que la gente ahora sí hiciera fotos. Porque si, durante el concierto hubieron varios dedos acusadores de Fripp (me recordó en más de un momento al Donald Sutherland de “La Invasión de los Ultracuerpos”) para indicar a los muchachos de seguridad que fueran a darle el toque a quien se saltaba la sencilla norma de no hacer fotos. Incluso Fripp sacó su cámara para inmortalizar la felicidad y el éxtasis del público de aquella noche. Levin aprovechó también para dar rienda suelta a su otra pasión que es la fotografía. En su página web se puede ver una muestra de las fotos que hace en cada uno de los conciertos y poder jugar a “¿Dónde Está Wally?” con uno mismo. 

En fin, un concierto que no está en mi top 5 por una sencilla razón de visceralidad, en parte motivado por toda esa perfección en la ejecución (si la lista siguiera ese criterio, este sería el primero seguramente), y aunque hubieron momentos en los que el cuerpo reaccionaba a la música, prefiero que el componente emocional tenga mucha más presencia. ¿Impidió eso que volviera a verlos en su siguiente visita? Por supuesto que no… Allí estuve gracias a un rebote de esos cósmicos… pero esa historia… formará parte de otra entrada.